27 de Septiembre de 2015

Lo que usted necesita saber sobre las convulsiones febriles en niños

Lo que usted necesita saber sobre las convulsiones febriles en niños

La fiebre es una respuesta normal y controlada del cuerpo, que consiste en una elevación de la temperatura corporal regulada por el “termostato”, que es el centro de control de la temperatura y que se encuentra en el cerebro, específicamente en el hipotálamo. Esta respuesta normal y controlada, generalmente es desencadenada por el sistema inmunológico para contribuir al control de una infección.

La fiebre es un síntoma y no una enfermedad en sí misma. En los niños y niñas, la gran mayoría de las veces, el evento desencadenante va a ser una infección viral autolimitada, que solamente requiere manejo sintomático. Con menos frecuencia, se presentarán signos de alerta que orientan a pensar en una enfermedad que requiere mayores cuidados.

¿CÓMO PUEDO SABER SI MI HIJO O MI HIJA PUEDEN ESTAR EXPUESTOS A UNA CONVULSIÓN POR FIEBRE?

Para responder a esta pregunta, primero es necesario aclarar que no todos los niños y niñas son susceptibles de presentar convulsiones febriles. En estudios poblacionales se ha encontrado que hay entre un 2% y un 4% de niños que presentan la susceptibilidad para que un episodio febril les provoque una convulsión. Estos niños y niñas van a presentar esa susceptibilidad entre los 6 meses y los 6 años de vida. Es extremadamente infrecuente que se presenten convulsiones febriles más allá de los 6 años de edad y, cuando ocurren, generalmente llevan a pensar que se trata de algún tipo de epilepsia que presentó una crisis asociada a la fiebre, y no una convulsión febril verdadera; por lo que estos niños y niñas van a ser referidos para una evaluación especializada por el Pediatra Neurólogo.

El hecho de que no se observen convulsiones febriles después de los 6 años se debe a que a esa edad se ha alcanzado un nivel de maduración del sistema nervioso central del niño y de la niña, que lo protege. Es decir, los factores que pueden determinar la aparición de una convulsión son: la susceptibilidad propia del niño o de la niña (2% - 4% de todos los niños y niñas) aunada a la edad menor de 6 años (por inmadurez del sistema nervioso central). Esos niños y niñas susceptibles a las convulsiones febriles generalmente, aunque no siempre, tienen algún familiar cercano que las tuvo cuando era menores de 6 años (uno de los padres, un hermano, un primo, un tío o tía, por ejemplo).

La gran mayoría de los niños que presentan convulsiones febriles en sus primeros años de vida (que son pocos), van a presentar sólo un (1) episodio. Solamente un 25% de los que presentan un primer episodio de convulsión febril, presentará un segundo episodio. Y de los que presentan 2 episodios, sólo un 25% puede llegar a presentar un tercer episodio. Aquellos niños y niñas que presentan un tercer episodio, o aquellos que presenten uno o dos episodios con características atípicas, a criterio de su Pediatra, van a ser referidos al Pediatra Neurólogo para una evaluación especializada.

Podríamos resumir de la siguiente forma: no hay fiebres que hagan convulsionar a niños o niñas; sino que hay niños y niñas que pueden convulsionar por fiebre (2% a 4% de la población entre 6 meses a 4 años).

¿CÓMO PUEDO EVITAR QUE MI NIÑO O NIÑA PRESENTE UNA CONVULSIÓN FEBRIL?

Las convulsiones febriles simples, aunque conllevan mucha ansiedad y preocupación para los padres y familiares, no se consideran peligrosas, son benignas en la inmensa mayoría de los casos. Es decir, el niño o la niña se recuperan completamente y, en estudios de seguimiento a largo plazo en pacientes que han tenido convulsión febril, no se ha observado ningún tipo de déficit cognitivo o motor, ni trastornos en la conducta, con frecuencia mayor a la observada en los niños que no las han tenido.

No hay forma de predecir con certeza que niño o niña tiene una susceptibilidad aumentada para presentar convulsiones febriles. Tampoco es posible predecir qué tipo de evento febril puede desencadenar una convulsión. Muchos niños que presentan un primer episodio de convulsión febril con temperatura de 38ºC (fiebre de bajo grado), han tenido con anterioridad, cuadros febriles con niveles de temperatura mucho más altos y no habían convulsionado.

El tratar la fiebre con acetaminofén y/o medios físicos (ducha de agua tibia o frotaciones con agua tibia) puede ayudar a que el niño se sienta mejor y bajar ligeramente la temperatura; pero no asegura evitar que aparezca una convulsión febril. Las convulsiones febriles pueden ocurrir desde momentos antes de que la temperatura corporal suba, como respuesta a señales inmunológicas o de otro tipo, hasta seis (6) horas después de haber cedido la fiebre.

En otras palabras, es muy difícil predecir que niño o niña es susceptible, cual es el episodio de fiebre o el nivel de temperatura que le va a desencadenar una convulsión febril a esos susceptibles y en qué momento se presentará, independientemente de que se haya tratado o no la fiebre.

Esto siempre se les explica a los padres de los niños o niñas que han presentado una convulsión febril, para mitigar el injustificado sentimiento de culpa que genera el pensar: “mi hijo o hija convulsionó porque me descuidé.” Con lo anteriormente explicado, queda claro que esto no es así. Ahora, si bien la mayoría de los niños y niñas que presentan una convulsión febril sólo va a tener un episodio, se procura orientar y aconsejar a los padres de estos pacientes para que manejen adecuadamente la fiebre en casa y acudan en busca de atención ante cualquier signo de alarma, procurando evitar que se presente un segundo episodio, aunque esto no siempre es posible.

¿ES "MALA" LA FIEBRE, EN SÍ MISMA? ¿PUEDE PRODUCIR "DAÑO CEREBRAL"?

Este es un mito muy difundido, y no tiene ninguna base de realidad. Como ya explicamos, la fiebre es una respuesta de defensa del organismo y no causa daño por sí misma. Lo que si produce es una serie de malestares que se le asocian, como dolor en el cuerpo, dolor de cabeza, falta de apetito, malestar general, entre otros. El objetivo principal de tratar la fiebre no es bajar la temperatura, sino que el niño o niña se sienta mejor. Es un alivio sintomático. Recordemos que la gran mayoría de las veces se va a deber a un cuadro infeccioso viral autolimitado.

¿QUÉ SEÑALES DEBEMOS TENER PRESENTE PARA ACUDIR DE INMEDIATO A LAS INSTALACIONES DE SALUD?

Hay 4 señales que los Pediatras consideramos signos de alarma y que, cuando están presentes, los padres deben llevar a su hijo o hija de inmediato a la instalación de salud más cercana, pues podemos estar ante una enfermedad muy grave:

  • Que el niño o niña no sea capaz de comer o beber nada.
  • Que coma y/o beba, pero vomite todo.
  • Que esté muy decaído (a), somnoliento (a) o no responda.
  • Que presente una convulsión.

Hay que tener presente que un niño con fiebre que convulsiona, no necesariamente tiene una convulsión febril. La convulsión puede ser la consecuencia de una enfermedad severa, como una meningitis, en cuyo caso sí se puede comprometer el pronóstico funcional y la calidad de vida futura, e incluso la propia vida del niño o la niña; por lo que, en estos casos, es necesaria la evaluación urgente por el pediatra.

Con relación a los cuadros febriles en los que no hay los signos de alarma antes descritos, es necesario acudir a las instalaciones de salud en busca de atención médica, en los siguientes casos:

  • Niños o niñas menores de 3 meses de edad.
  • Niños o niñas con patologías crónicas (nefropatías, anemia falciforme, enfermedades del corazón, diabetes mellitus, fibrosis quística, por ejemplo) independientemente de la edad.
  • La temperatura es igual o mayor de 40.6° C.
  • Tiene entre 3 a 6 meses y la fiebre persiste por más de 48 horas.
  • Niños y niñas entre los 6 meses y 5 años que han tenido fiebre por más de 3 días.
  • Que tenga fiebre, tos y dificultad para respirar.
  • Hay presencia de rash o brote en la piel, además de la fiebre.
  • Si presenta vómitos persistentes, además de la fiebre.
  • Si presenta dolor abdominal intenso y constante, además de la fiebre.
  • Si hay sangrado por la nariz, vómitos con sangre u orina con sangre, además de la fiebre.
  • La fiebre desapareció por 24 horas o más y luego regresó.
  • Usted tiene otras preguntas o preocupaciones.

¿CUÁLES SON LOS ERRORES MÁS FRECUENTES QUE COMETEN LOS PADRES DE FAMILIA?

Con relación a los cuadros febriles, quizás el error más frecuente es preocuparse por la fiebre en sí misma, olvidando que la fiebre solamente es un síntoma que indica que el sistema inmunológico se está defendiendo de algo, generalmente de una infección. La fiebre no produce daño en los niños y niñas previamente sanos. El temor a la fiebre por sí misma o “Fiebre-fobia” llena innecesariamente de ansiedad a muchos padres y cuidadores, conduciendo algunas veces a errores que pueden poner en peligro la vida del niño, como por ejemplo:

  • Sobredosificar con acetaminofén: el acetaminofén administrado a las dosis correctas según el peso del niño o niña, es el medicamento más seguro para tratar los síntomas asociados a la fiebre (el malestar general, dolores musculares, dolor de cabeza) y baja la temperatura entre 1.1 y 1.7º C (entre 1 y 2 horas después de administrado). Sin embargo, los padres o cuidadores, en su afán injustificado de bajar rápidamente la temperatura, ofrecen dosis mayores de acetaminofén, o con mayor frecuencia de la debida. Incluso, administran al mismo tiempo acetaminofén por dos vías distintas (oral y supositorio). Todas estas situaciones pueden llevar a sobredosis e intoxicación con acetaminofén, que de hecho es una de las intoxicaciones que vemos con mayor frecuencia en Pediatría, con la posibilidad de afectar severamente el hígado y poner innecesariamente en riesgo la vida del niño o la niña.
  • Administrar, sin prescripción médica, otros medicamentos para la fiebre: los anti-inflamatorios no esteroideos (ibuprofén, diclofenaco, naproxeno, entre otros) y la dipirona poseen efectos antipiréticos (bajan la fiebre), con efecto comparable al acetaminofén; sin embargo, no poseen el mismo perfil de seguridad. Pueden producir efectos secundarios nocivos para la salud del niño y, debido a la ansiedad de los padres o cuidadores, también se pueden sobredosificar. Este tipo de medicamentos debe utilizarse solamente por prescripción y bajo vigilancia del médico.
  • Bañar con agua fría o hacer frotaciones con alcohol: el baño o las fricciones generalmente son más efectivas en niños y niñas pequeños (menores de 2 años) y siempre debe administrar una dosis adecuada de acetaminofén al niño o niña, antes de bañarlo o friccionarlo. El agua para el baño o las fricciones debe ser templada (25 a 30° C) y no fría. Nunca friccione con alcohol, ni agregue alcohol al agua de las fricciones o del baño, ya que este se absorbe a través de la piel y es muy tóxico. Como consecuencia de la ansiedad de muchos padres o cuidadores, generada por la falta de conocimientos sobre la fiebre, pueden optar por bañar o friccionar al niño antes de administrar una dosis adecuada de acetaminofén; o deciden utilizar agua fría para el baño o fricción, con la creencia errónea de que así lograrán bajar más rápido la temperatura. Algunos agregan alcohol al agua o frotan directamente con alcohol, práctica esta muy peligrosa.

¿QUÉ TAN FRECUENTE ES QUE OCURRA?

Afortunadamente no son tan frecuentes. En los cuartos de urgencias de Pediatría de hospitales grandes, al ser hospitales de referencia, se observan con una frecuencia relativamente mayor; sin embargo, en realidad no son un evento tan frecuente. Cuando ocurre, generalmente es de naturaleza benigna. Considero que el mensaje más importante a transmitir es: no debe temerse a la fiebre, ya que es un mecanismo de defensa del organismo. Lo que debe investigarse cuando es necesario, es la causa que está produciendo la fiebre.

El autor es médico pediatra y especialista en educación médica con énfasis en Atención Primaria de la Salud. Actualmente es el Jefe de la División de Docencia e Investigación en el Hospital Materno Infantil José Domingo De Obaldía, en la ciudad de David, provincia de Chiriquí. Es profesor de postgrado de los Programas de Maestría en Ciencias Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá y profesor de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chiriquí. Miembro de la Sociedad Panameña de Pediatría (Capítulo de Chiriquí), de la Asociación Española de Pediatría, y Fellow Internacional de la Academia Americana de Pediatría. Correo electrónico: jefe_docencia@yahoo.es

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Comentarios

Colaboración - Dr. Alcibíades Batista González

Dr. Alcibíades Batista González

Pediatra

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